El crecimiento poblacional – Una amenaza a la humanidad

A raíz del surgimiento de la agricultura y del descubrimiento del riego, los habitantes primitivos de la tierra, que en ese momento eran nómadas, abandonaron ese estilo de vida y se asentaron en pequeñas ciudades, generalmente ubicadas a la orilla de los lagos, ríos o fuentes de agua.

La disponibilidad de alimentos y la seguridad que les brindaba vivir en sociedad, les permitió crecer y satisfacer sus necesidades básicas de alimentos, vestuarios y alojamiento, dando lugar al nacimiento de las que, con el tiempo, se constituyeron en grandes urbes.

Todos los adelantos tecnológicos que el hombre ha  alcanzado a lo largo de su historia han servido para proporcionarle un  mejor nivel de vida y un crecimiento de la población. Así vemos como el desarrollo de la medicina nos ha permitido alargar nuestra expectativa de vida llegando a incrementarse hasta los 65 años que es el promedio de vida actual.

Los transplantes de órganos, las operaciones a corazón abierto, las dietas balanceadas, los medicamentos, el resguardo que nos brindan el vestuario y nuestras viviendas contra las inclemencias del clima, la desaparición de las guerras en las que se luchaba cuerpo a cuerpo, los medios de transporte modernos, la desaparición de las plagas y pestes, y, en general el progreso,  han asegurado que la humanidad supere con creces a los elementos adversos que provocaban la muerte de muchos seres humanos y servían como control o regulador natural del crecimiento poblacional.

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Muchos miles de años después, nos damos cuenta que la suma de los adelantos tecnológicos que sirvieron para darnos una vida mejor, se han vuelto contra nosotros, ya que el resultado de todos ellos, que es un crecimiento desmedido de la población, amenaza con agotar los recursos naturales del planeta y ponen en peligro nuestra propia sobrevivencia.

Los 6,705,749,000 habitantes que tenía la tierra en el año 2008, requieren suministros de agua potable para calmar su sed; tierra para establecer sus ciudades, asegurar el crecimiento de las mismas y para cultivar sus alimentos y satisfacer sus necesidades industriales; Agua de riego para irrigar sus campos de cultivo; Madera para la construcción de viviendas,  la fabricación de sus muebles, sus fábricas de papel y sus monedas; Electricidad para alumbrar sus ciudades y alimentar el funcionamiento de sus maquinas, equipos y sus diversos aparatos domésticos; Petróleo para mover su industria, sus vehículos y sus motores de diversa índole, asbesto para sus carreteras; Minerales para fabricar sus materiales de construcción, tales como cemento, hierro, piedrín, arena, láminas de zinc y sus diversos fertilizantes químicos.  

Todo este aparente progreso genera además, la producción de CO2 resultante del proceso de respiración de los seres vivos y del funcionamiento de sus motores de combustión interna, que utilizan como fuente de energía, madera, derivados del petróleo y combustibles fósiles.

El consumo de materiales diversos produce desechos sólidos conocidos como basura, en los que se encuentran materiales biodegradables y otros de difícil degradación como  plásticos, metales, vidrios y otros. El proceso de descomposición de la basura genera además la emisión de gases contaminantes para el ambiente.

El agua que se usa en los hogares y fábricas de las ciudades, genera aguas servidas o negras, que están contaminadas con heces fecales, detergentes y otros productos químicos que en los países en desarrollo generalmente se descargan en los ríos y fuentes de agua, contaminándolas y ocasionando la muerte de los peces y otros seres que las habitan, evitando también que puedan utilizarse para agricultura o consumo humano.

El avance de la frontera agrícola, provoca la deforestación de las tierras circundantes a las ciudades, dejando los campos descubiertos, provocando  erosión por  agua en el invierno y por el viento en el verano, proceso que degrada y hace menos productivas las tierras ya que se pierden por este proceso las capas más productivas del suelo ya que muy pocas veces se usan prácticas de conservación de suelos que eviten o reduzcan su degradación. Se afecta también la infiltración de agua en los suelos, reduciendo así el manto friático y el caudal de los nacimientos de agua; sin dejar de mencionar la destrucción del paisaje.

People walk struggling for space between public transport buses and trucks at the burstling Oshodi bus stop in Lagos 06 February 2006. Lagos is reputed as one of the mostly densely populated city in the world with population more than 14 million. AFP PHOTO/PIUS UTOMI EKPEI (Photo credit should read PIUS UTOMI EKPEI/AFP/Getty Images)

People walk struggling for space between public transport buses and trucks at the burstling Oshodi bus stop in Lagos 06 February 2006. Lagos is reputed as one of the mostly densely populated city in the world with population more than 14 million. AFP PHOTO/PIUS UTOMI EKPEI (Photo credit should read PIUS UTOMI EKPEI/AFP/Getty Images)

Al final, todos los elementos que contribuyen a proporcionarnos una vida mejor, tienen como efectos secundarios la contaminación del ambiente y como consecuencia afectan negativamente nuestra calidad de vida.

Si analizamos lo anterior, podemos concluir que la degradación ambiental es consecuencia directa del crecimiento poblacional y que la única forma de reducir la contaminación, dado que no podemos desaparecer la especie que pone en peligro la supervivencia de todas las demás especies, es reduciendo el crecimiento demográfico, por lo que consideramos  es el momento de establecer métodos de control de la natalidad que reduzcan drásticamente los nacimientos y  como consecuencia la presión sobre los recursos naturales.

Si así lo hacemos, veremos que con el tiempo la naturaleza se encargará de restablecer el crecimiento y la recuperación de los recursos naturales afectados; y, si no lo hacemos así, también la naturaleza se encargará de cobrarnos la factura con más desastres naturales y con la desaparición de los recursos que hoy están a nuestro alcance, pero que por su uso irracional, hemos puesto en peligro de extinción.